El vitromosaico es para mí un lenguaje de luz y fragmentos; cada pieza es un rompecabezas de historia y color que se reconstruye con cada mirada. La resina, por otro lado, es el material que encapsula el tiempo, atrapando la fluidez de un momento. El acrílico fluido me permite explorar el movimiento, creando paisajes efímeros que invitan a soñar. Así, cada técnica es una ventana a un nuevo universo de posibilidades.